0 puntos 760 puntos y 3 fugaces para el premio0/3
¡Hola, hola! Somos Cuca y Tito. Todo empezó una noche de agosto
¿Sabes esas historias aspiracionales que comienzan con un sueño? Pues la mía comenzó con una caída en el escenario delante de 100 personas.
Bueno, no las conté, pero seguro que eran muchas.
Yo era una cría tímida, de las que en clase no levantan la mano ni para pedir permiso para ir al baño.
Cada verano mis padres me llevaban al mismo camping de montaña, y a las diez de la noche encendían los focos del escenario del bar: olía a cloro, a crema solar y a citronela quemándose en las mesas.
Yo me quedaba mirando embobada a los animadores, esa gente rarísima a la que no le daba ninguna vergüenza que la mirasen.
Me ofrecí a colocar las sillas solo para estar cerca. Me sabía sus chistes de memoria y los repetía en la ducha, en voz baja, imaginándome que alguien se reía al otro lado.
Pero subir yo, jamás. Subirse era para gente que había nacido para eso. Yo estaba bien donde estaba: desde la última fila se ve todo y no te ve nadie.
Hasta que una noche de agosto faltaron dos animadores y el jefe me buscó con la mirada por encima de las cabezas de la gente.
Todavía me acuerdo del calor que me subió a la cara y de las ganas que tuve de que se fijara en cualquier otra persona.
Tú, al escenario.
No me preguntó si sabía hacerlo, y hoy creo que fue lo mejor que me ha pasado nunca: si me lo llega a preguntar, digo que no.
Subí el escalón con unas piernas que no eran mías, di un paso hacia el micro y me caí. Una caída larga, con ruido, de esas en las que te da tiempo a pensar «me estoy cayendo» mientras te caes.
Y llegó lo peor: el silencio. Cien personas conteniendo la respiración a la vez, esperando a ver si me había hecho daño o si podían reírse.
No sé de dónde salió. Me levanté, me sacudí las rodillas, cogí el micro y dije:
Señoras y señores, así es como se hace una entrada.
La risa me llegó como una ola. Y no se estaban riendo de mí: se estaban riendo conmigo. Cuando notas esa diferencia una sola vez, ya no se te olvida.
Al día siguiente, en la piscina, una señora me paró para decirme que hacía mucho que no se reía tanto. De la caída no dijo nada. No dijo nada nadie, nunca. La gente no se acuerda de si lo hiciste bien; se acuerda de cómo se sintió.


Tardé años en atreverme a convertir aquella noche en una vida. Hasta que llegó Tito, que tiene la mala costumbre de decir «va, lo montamos» justo cuando yo todavía estoy buscando motivos para no hacerlo.
Así que si algún día te toca a ti, y notas que vas a tropezar… delante de todo el mundo, hazme caso:
Levántate y di que era parte del show. Casi siempre lo es.

0puntos
Fugaces: 0/3Tu récord: 0Marca de la casa: 800Código: —✦ Conseguido
